Nuestro amigo ENRIQUE ABASOLO nos mando lo sig.
Este es un artículo publicado en EL DIARIO de COAHUILA, de la ciudad de Saltillo, con motivo del vigésimo aniversario luctuoso del gran MG. Es un ensayo (¡VA POR TI, MAURICIO!) y se acompaña de un dibujo del maestro realizado por el mismo autor del texto. Espero se incluya este material en su página para compartir con todos los fanáticos.
¡Va por ti, Mauricio!
Por
CÉSAR KNIGHT
El antihéroe es -lo mismo que su contraparte ortodoxa- la figura central de un relato, pero sus objetivos quizás carezcan de nobleza, o acaso los métodos que emplee para alcanzarlos no sean los políticamente correctos. O tal vez suceda simplemente que su código personal – el que rige su conducta, apariencia y estilo- no sea el social y convencionalmente aceptado.
En cierta ocasión, en una entrevista televisiva, Mauricio Garcés se autodenominó (refiriéndose obviamente a su álter ego cinematográfico) como el anti-galán: un galán al que las cosas no le resultaban como se suponía, como eran de esperarse, como estaban planeadas.
Y así fue la mayor parte del tiempo: Cuando tenía por delante una cadena de encuentros eróticos para prolongar ad infinito, el romance se le interponía (Don Juan 67); si buscaba una aventura fácil, aquello derivaba en una divertida odisea (24 Horas de Placer); si buscaba imponer una marca como seductor, le llegaba la redención en la forma más inesperada (Fray don Juan)
Toda correspondencia guardada entre los conceptos “héroe” y “galán” debe permanecer también entre sus antípodas.
Entonces héroe es galán y viceversa; antihéroe es también héroe y por ende galán, así como el anti-galán es todo lo anterior: Héroe, antihéroe y -en resumidas cuentas- galán.
Si dicha galanura se hubiera ajustado a los cánones tradicionales habría contado, a lo sumo, con la preferencia del sector femenino de su época, sin muchas posibilidades de supervivir a los vaivenes de la moda y ni por accidente habría sido celebrada por un sector varonil que todavía le quema incienso y habla de él como el santo patrono de una fraternidad.
Un galán convencional no sería, como Mauricio, objeto de culto entre los que se supone están para envidiarlo, los más machos entre los machos, aquellos que no soportan a los Pitt ni a los Clooney; esos que abominan las poluciones femeninas que desatan los rostros de los niños bonitos; los mismos que aborrecen el actual patrón metrosexual impuesto como ideal por algún maldito aberrado.
No, la propuesta de seductor creada por Mauricio Garcés se esmeró no sólo en ser un imán para su sexo opuesto y complementario; se ocupó además de dar tutela a sus cofrades y el que no se prendó con su simpatía es porque de plano cayó rendido como las cándidas colegialas que en secreto se enamoran de su maestro de biología, 30 ó 35 años mayor.
Mauricio Garcés encarna las aspiraciones reprimidas del hombre ordinario. De habérsele conocido esposa habría desencantado a sus fieles, la yunta conyugal lo habría desmitificado y domesticado. Cuando uno de sus personajes afrontó ese riesgo, lo siguiente en pantalla era el rótulo FIN.En aras del mito, prefirió quedarse instalado a perpetuidad en el papel de hijo de mamá, con lo que envía un mensaje implícito a todas cuantas creyeron posible llevarse a casa tan codiciado ejemplar: que por bella, sensual o virtuosa, ninguna mujer podría siquiera aproximarse al ideal en la cabeza de Mauricio, a su concepto definitivo de la femineidad.
Eso de quedarse para siempre a jugar el rol edípico contribuyó sin duda a la construcción de su leyenda, de la manera en que no se espera de un rockstar que lleve una vida de familia, si no a darle duro a los excesos hasta que uno de los dos acabe vencido. Así, la soltería perenne del Zorro Plateado consolida su mito.
Y es que en el ámbito doméstico no tiene cabida el glamur, porque Mauricio es, además de un poderoso talismán sexual, el estandarte del refinamiento, de una sofisticación irrepetible, que alcanzó su epítome junto con la carrera del actor.
Porque además, la fama le arribó justo cuando debía, ni antes ni después, en las postrimerías de la década hippie- sicodélica y en el albor de la posmodernidad; cuando lo in, lo chick, lo nice venía en vinil de colores chillantes apareado sin pudor con piel de leopardo; botas arriba de la rodilla, camisa de seda, autos descapotables y el cigarrillo antes de su satanización.
Cualquier regreso a aquel esplendor ido para siempre será en todo caso un simple homenaje, un tributo o una parodia; una cuestión retro pero nunca otra vez original.
Y en el vórtice de todo ese torbellino de fatua seducción, el profeta del ligue, el redentor de la virilidad, la elegante apología de todos los impulsos sexuales: Mauricio, nacido Féres Yázbeck, en tierras tamaulipecas, quien pese a su sangre libanesa, a su rostro que algo tiene de Shariff y de Gable, es tan mexicano como los plantones.
¿Homenajes?
La próxima vez que en su departamento un solterón seductor le dé el primer beso a su conquista en turno y, entrecerrando los ojos, con una sonrisa cínica, alcance a musitar:
“¡Va por ti, Mauricio!”.
Lo que opina la gente