MÉXICO DE MIS RECUERDOS
Modisto de Señoras (abril 8, 2005)
Por: Eduardo Sánchez Villagrán
Hablar de Mauricio Garces es hablar del Don Juan-Casanova mexicano por excelencia. Su personaje de conquistador con apariencia de playboy aparece en pantalla en una época de transformaciones socioculturales. 1966 es el año clave para Mauricio Férez Yazbek (nombre verdadero, oriundo de Tampico, Tamaulipas), quien dio vida a un personaje situado como el galán-narcisista que vive en Las Lomas, millonario con cierto parecido a Clark Gable que sólo tiene tiempo para conquistar a cualquier escultural dama, ya sean modelos, casadas, viudas, bailarinas, cubanas, solteras o las que se dejen asediar por un hombre que las va a hacer pedazos, no sin antes repasarlas de arriba para abajo lanzando un candoroso arroooz.
Antes de que la popularidad llegara a su entorno, Garcés tuvo que abrirse camino con cintas inocuas con tintes western, Los Hermanos Muerte, El Renegado Blanco y Venganza Apache, todas de Fernando Méndez, donde Garcés ya dejaba entrever su debilidad por las faldas. Los Resbalosos o Los Fanfarrones (ambas de Rogelio A. González) son cintas que definirán los atributos de este singular personaje. Con Don Juan 67 (Carlos Velo, 1966) sería el repunte final del “zorro plateado”, aquí el personaje principal es asediado por un plomero “machín” (Irma Lozano disfrazada), lo que genera “dudas” en las preferencias sexuales del millonario conquistador, mismas que asustan al mayordomo y consejero de muchas de sus aventuras, encarnado la mayoría de las veces por Luis Manuel Pelayo.
Estas singulares características armaron un modelo muy extraño en la figura del casanova, pues el inexplicable comportamiento medroso al relacionarse con sus supuestos trofeos femeninos implicaba la negación de asumir un rol sexual activo, una complacencia involuntaria que cuestionaba su virilidad, ya que nuestro galán después de agasajarse a sus “víctimas” se intuía que desbordaría sus pasiones en la cama o “donde le agarrara”, pero tales situaciones no se mostraban en pantalla. La satisfacción sexual siempre era interrumpida por alguna acción chusca e inverosímil, o se aunaban rechazos aceptables, incluso exigidos.
Es así que en esa dinámica asexuada Garcés interpreta a D’ Maurice un modisto supuestamente homosexual con educación francesa, quien tiene como objetivo triunfar dentro del mundo de la alta costura con diseños y prendas propias de mujeres apetecibles, un plan muy ingenioso para que éstas caigan en sus perversas redes. La aparente preferencia sexual del modisto es un gancho perfecto para despistar a los esposos “cornudos”, mientras agazapa a toda aquella clienta que desee probarse vestidos a la última moda, porque sabrán que con D’Maurice no habrá peligro alguno.
El ingenioso juego verbal es empleado con fines cómicos, doble sentido que sirve como vínculo provocativo, erótico y hasta resbaloso, estrategias efectivas para manosear a una exquisita Doris Martel (Zulma Fallad), tomarle medidas al estilo fútbol soccer 4-3-3 con libero, no sin antes compartir su secreto varonil con Rebeca (Claudia Islas) la típica esposa del millonario Don Álvaro (Carlos López Moctezuma), quien cumple los caprichos de su “santa” e “inocente” señora.
Las envidias no se hacen esperar, su competencia Mao (Carlos Nieto), Perugino (Enrique Rocha) y Antoine (Hugo Goodman), antiguos socios de D’Maurice, no soportan el éxito obtenido por este último, así que buscan desenmascararlo por medio de la seducción a través de la bella espía Telma (Alma Thelma). Pero la propuesta seductora no se consuma gracias a que la espía es descubierta, situación que patentiza la evasión carnal, insinuaciones y chistes de un Mauricio Garcés que oscila entre el galán desbordado y el gay indispuesto de voz delicada con toques, a momentos, de una decidida firmeza.
Aunque es unconsumado “calibrador” de todo tipo de féminas, el modisto sucumbe ante la ternura e inocencia de la mesera Magda (Irma Lozano) contratada por el príncipe del diseño, -ambos alternan una buena dosis de gags, ya sea porque el turbante del conjunto textil debe de llevar chanfle, o si hay que modelar, debe de cimbrarse para no caminar como el Sargento Pedraza- eso y más con el fin de contrarrestar el ataque enemigo, además de hacer click amoroso con todo y beso pasional. Modisto de Señoras es también (tal vez sin quererlo) una representación de la homofobia a través de un supuesto gay.
Mauricio Garcés toma la estafeta de galán para hacer remakes de comedias exitosas como Escuela de Vagabundos con Pedro Infante, el resultado: El Criado Malcriado (1968). Heredero de la verborrea más aguda de los cómicos de antaño, se agrega un plus atrevido, un mamacita asestado, un movimiento de orejas al estilo Dumbo, un Don Juan asiduo de los supermercados con gafas oscuras para no evidenciar sus miradas libidinosas, un dandy con gustos por las tiendas departamentales y que visita campos nudistas o bares de primera acompañado siempre de un buen champagne. Los personajes que interpreta Garcés buscan mujeres esculturales en lugares congregados como en las playas, velorios o en fiestas semiorgiásticas como en Fray Don Juan (1969), donde después de catar todo un repertorio de bebidas embriagantes, termina por correr a los invitados no sin antes corregir con sermones y “onda bíblica” a las pecadoras que mancillan su casto hogar.
Personalidad fascinante y divertida, así se puede describir a Mauricio Garcés, un conquistador parlanchín que goza de las hembras carentes de ropa, involucrado en aventuras delirantes, por momentos absurdas situaciones que sólo eran meras distracciones para el público. Un inefable galán con glamour dispuesto a “satisfacer” a la más insaciable mujer que se le presente, casi siempre con astutas técnicas mundanas. Su donjuanismo resultó un fenómeno extraño e interesante no sólo en el cine, sino también dentro del teatro y la televisión. En general, un erotómano.
Fuenta:http://www.revistacinefagia.com/mexicodemis026.htm